Utilizado desde la antigüedad como planta medicinal, el romero es un arbusto perenne, de hojas aromáticas y flores violáceas o azuladas, que se cultiva ampliamente en zonas de clima mediterráneo.
A lo largo de los siglos, fue empleado en múltiples preparaciones naturales, tanto en infusiones como en aceites y tinturas. Su uso tradicional abarca desde el alivio de dolores musculares hasta el estímulo de la memoria, según consigna el sitio especializado Tua Saúde. Hoy, la ciencia moderna confirmó muchas de sus propiedades medicinales.
El romero contiene compuestos bioactivos como ácido rosmarínico, cineol, carnosol y flavonoides que le confieren efectos antioxidantes, antiinflamatorios, antimicrobianos y neuroprotectores. Por eso, es cada vez más valorado no sólo en la fitoterapia sino también en la cosmética, la nutrición y la salud preventiva.
El romero es una de las plantas aromáticas más frecuentes en nuestra cocina -sus usos medicinales se remontan a la época del Antiguo Egipto- y los romanos y griegos la consideraban una planta sagrada, que utilizaban en rituales de purificación en forma de “sahumerios”.
Se trata de una planta mediterránea con gran resistencia a los periodos de plagas y sequías, fácil de cultivar, cuyo aroma y frescor han sido valorados a lo largo de los siglos. En la medicina natural se emplean sus hojas y sumidades floridas.